Oyoga International Corner

Las herencias que nos habitan

By Oyoga
In junio 9, 2015
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Cuando se piensa en las herencias de nuestras familias suele pensar en lo material, ya sea en lo económico o en lo físico. Es fácil conocer a alguien que hereda una casa, o sus deudas, unos pendientes, o cosas sin otro valor que el afectivo y sin otro significado que el que le da quien lo recibe. Acercándonos más a lo personal, en el cuerpo,  también encontramos herencias familiares. La nariz de una abuela, los ojos de un padre, incluso herencias menos bienvenidas como las enfermedades. Pero hay otra clase de herencias, que no se ven tanto, y que nos marcan mucho más porque nos habitan, se nos cuelan dentro sin que nadie las vea. Estas herencias, nos dicen desde uno de los enfoques terapéuticos humanistas, son posicionamientos que adoptamos en la vida.

Mi amiga Lola siempre está mal. O quiere dejar de fumar, o su pareja no la entiende, o en su trabajo las cosas van fatal. Siempre algo. Y lo peor, cada vez intentas sugerirle algo para mejorar pero nunca tus soluciones encajan en sus problemas. Al final, una se siente fatal por no poder cambiar su situación. Ella se siente mal, y tú también por no poder ayudar.

Mi amigo Rodrigo es distinto. En su caso, parece que está siempre ahí, pero sólo cuando tú tienes un problema. Al principio pensé que era mi mejor amigo, pero luego, cuando los problemas se fueron él casi que también. De pronto me di cuenta de cómo intentaba sabotear una relación que acababa de empezar, o de cómo no se alegraba tanto de que yo estuviera bien en general. Y aprendes a tener cuidado para no despertar envidias. Él está bien, pero hace falta que tú no estés.

Y por último mi amiga Eva es la más fácil. Ella está siempre bien. Incluso cuando su madre murió, sin esperarlo, me sorprendía que valorara cuánta suerte tenía de estar arropada por amigas y familia. Esa positividad además la contagia, y te la pasa. Ella está bien y tú te sientes bien.

Con distintos grados, y con distintas formas, por supuesto, estas tres posturas son las que heredamos a partir de mil mensajes inconscientes que nos llegan de padres, madres, y a su vez ellos de nuestros abuelos, abuelas. Es una herencia silente, en la que  a partir de reacciones, comentarios, y formas de mirar, aprendemos a dar sentido a lo que nos pasa, aprendemos a posicionarnos en una de estas tres opciones. Cuando nos relacionamos con los demás, con el día a día, y con nuestro yo, buscamos confirmar esta postura. Incluso cuando nos hace sentir mal. Muy pocas veces caemos en cómo se repiten estos patrones en las cosas que nos pasan. Si bien la parte mala es que cuesta darse cuenta, la parte buena es que una vez que lo hacemos podemos estar pendientes y ser el policía de nuestras propias reacciones. No todos tenemos la suerte de estar en la posición de Eva, pero sí que podemos trabajar en llegar a ella. No tenemos que olvidar que las herencias nos llegan, pero somos nosotros los que decidimos cómo gestionarlas.



María Cabillas

PhD Social Anthropology,
Basic Psychology and
Public Health
University Pablo de Olavide


 

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