Yoga Sevilla

El inicio a la meditación

By Oyoga
In octubre 20, 2014
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“A la meditación no hay que tenerle ningún miedo”.

En realidad es una técnica tremendamente simple y natural, no hay que hacer ningún esfuerzo ni estar preparado mentalmente, tampoco es cierto que sea para gente especial o con cierta capacidad mental.

La puede practicar todo el mundo, de hecho todos la practicamos en nuestra etapa temprana, en nuestro primer año de vida fundamentalmente, ese simplemente estar y respirar, que de una manera tan autónoma e involuntaria, tomaba el control de nosotros en todo momento y nos hacía simplemente estar bien.

Por tanto, no hay que aprender nada nuevo, aunque si es cierto que, al habernos “contaminado” tanto y durante tanto tiempo, ya casi nos olvidamos de aquella sensación de calma mental. Al margen de esto, la mente tiene su propia inercia que si no la controlamos, puede desbordarnos en ocasiones.

Siempre insisto en la opinión, ya repetida por muchos maestros, de que todo lo que se diga sobre la meditación sobra, es decir que habría que leer la información y en cierta manera no retenerla. Más bien, mentalmente tendríamos que romper lo leído y solo quedarnos con el mensaje mas íntimo que se pueda extraer. Y ¿por qué esto?, porque vamos a trabajar con una mente que no entiende de conceptos, solo observa, y lo que recolectemos de la sentada (de la meditación) va a quedar impregnado por una sensación no conceptual. Puedes llamarla espiritual si quieres, que te puede acompañar el resto del día o el resto de tu vida, algo parecido a una sensación de centramiento, calma y equilibrio.

No obstante, y dentro de lo paradójico que resulta esto, debemos entender qué es lo que vamos a hacer cuando nos sentamos a, eso que llaman, “meditar“.

Cuando empiezas con esta técnica, generalmente la acompaña una sensación de ilusión por conseguir esos estados que hemos escuchado y, en definitiva, por sentirse uno mejor, porque, no nos engañemos, generalmente se llega a la meditación porque necesitamos “ajustar algunas tuercas” interiores que no nos dejan estar del todo bien, así que el inicio de la practica, es lo suficientemente potente como para poder neutralizar los inconvenientes con los que en mayor o menor medida nos vamos a topar, entre los que encontraremos, de seguro, el aburrimiento y la desesperación.

Entender el aburrimiento es fantástico porque lo que se aburre precisamente es la mente dialéctica, o mente “simiesca”, que llaman los orientales, esa mente analítica que no para, que nos monopoliza y nos desborda emocionalmente, poniéndonos en jaque mate en multitud de ocasiones, esa mente con la que nos hemos acostumbrado a vivir y que creemos que es normal y que debe ser así siempre, entre otras cosas porque “le pasa a todo el mundo”.

Bien, esa mente es la que precisamente dejamos “fuera de juego” durante la meditación, por eso esa sensación de aburrimiento. Cuando la mente percibe que ya no tiene el control lanza una sensación al cerebro desagradable que interpretamos como aburrimiento.

Me siento en una silla, banquito de meditación o cojín “zafú” de meditación, me coloco la espalda recta pero no tensa, relajo mis hombros y mi cara , entorno los ojos medio abiertos unos 45 grados hacia el suelo, cierro mi boca, respiro por la nariz suavemente, suena el sonido del cuenco; una vez, me coloco bien en mi posición, segunda toque del cuenco, tomo conciencia de mi cuerpo, tercero, empiezo la meditación.

Se trata, solo de poner la atención en la sensación suave y relajada de la respiración, sin forzarla, concretamente en la zona de las fosas nasales, cómo entra el aire un poco más frío y cómo sale un poco mas templado. La respiración si es abdominal mejor, es decir como suele respirar un bebe, cuando inspira se le infla el abdomen y al espirar se relaja. Pero no te complique con esto, ira desarrollándose solo.

Es una sensación muy sutil en la que se requiere solamente depositar la atención ahí, en las fosas nasales, esto lo utilizaremos como una herramienta para evitar la dispersión mental y anclarnos al presente, no hay nada más presente que la respiración, ella no puede estar ni en el pasado ni en el futuro, así que ¿qué mejor sitio para descansarla?.

La atención es como un foco que podemos dirigir a voluntad, pero en este caso solo es depositar la atención, dejarla descansar, y lo único que tenemos que hacer es no juzgar, no etiquetar, no analizar, solo percibir esa agradable sensación de respirar, no visualizar, en definitiva, no entrar en la zona analítica de la mente.

Por supuesto que vamos a tener multitud de pensamientos, historias, picores, etc, pero todo pasa, absolutamente todo, por tanto deja que sigan su curso natural, no los agarres y déjalos que salgan, es su tendencia. Al cabo de los primeros 10 o 15 minutos todo esto perderá fuerza, por eso, es recomendable hacer como mínimo 20 minutos, para que disfrutes al menos de esos 5 minutos de silencio interior, que es donde se producen la mayoría de los beneficios.

Esto al principio es un poco tedioso, no obstante, la mente, como un niño al que no se le presta demasiada atención cuando está muy agitado, se va calmando poco a poco y pierde ese protagonismo, dejando paso por fin a esa otra mente calmada, que percibe, que huele, que ve y que siente, pero no analiza, solo observa. Con esa mente es con la que vamos a trabajar en la meditación, es una sensación de clama muy agradable.

Con esa mente de la que hablo, se pierde un tanto la sensación de espacio tiempo y por supuesto, la sensación de aburrimiento, porque a esta mente no le importa el “no hacer nada”, los orientales la llaman “la gran mente”.Nótala y disfruta de ella.

Hablaba de un segundo hándicap con el que nos vamos a encontrar: la desesperación.

Es muy habitual, puesto que, una vez pasado ese primer mes de novedad, en que estamos ilusionados por unos resultados, nuestra percepción es, que no era para tanto, y quizás que tampoco hemos conseguido los resultados esperados. Pero los resultados ni se consiguen cuando uno quiere, ni se adecuan a nuestra expectativa, así que lo mejor es olvidarse de buscar nada y ahorrarse la frustración.

La mente va a intentar ganarte la batalla, si no es a corto plazo durante la sentada, lo hará a largo plazo y un día, seguramente cuando estés preocupado, agitado o con ansiedad, tu mente saboteará tu práctica con frases como “hoy no es el momento”, “mañana lo haré”, “esto no es para mi”, un largo etcétera de excusas para dejar poco a poco de hacerlo.

Y si algo necesita esta práctica es continuidad, todos los días, es como el comer, puedes dejar de comer un día, pero notas que te falta algo. Obviamente si no meditas no te mueres, pero si meditas multiplicarás tu sensación de vida por mil y tendrás la llave que te permitirá acceder a eso que llaman Alma, Ser, Dios, Tu mismo, o como lo quieras llamar, pero que se percibe, es algo inefable e imposible de analizar, simplemente es.

Solo hay que estar dispuestos a superar los obstáculos y plantearse que, si insistes en la práctica diaria, posiblemente será lo más importante que hayas aprendido en tu vida y realmente te la cambiará a mejor, en todos los sentidos.

Continuará,

Sergio Naranjo

Sergio Naranjo

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