Yoga Sevilla

No te pelees con tu mente

By Oyoga
In octubre 30, 2014
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Son muchos los beneficios que encontrarás tras esos veinte o treinta minutos en los que estarás sentado haciendo la meditación, eso realmente te hará disfrutar y de seguro, te incentivará a seguir practicando.

No obstante, veo de gran utilidad centrarme en los inconvenientes que vas a encontrar durante la práctica, pues son los que te pueden hacer abandonar, y por tanto, es ahí precisamente es donde se debe prestar más atención.

En determinadas filosofías orientales, sobre todo en el budismo tibetano, llevan milenios estudiando el comportamiento de la mente o más bien, de las mentes del ser humano, llegando a una profundidad tal en esta investigación, que han podido identificar varias mentes, unas burdas y otras más sutiles, y que todas operan en nosotros a la vez, no obstante, es de significar que las más burdas, «eclipsan» nivel consciente, a las más sutiles, pero todas están ahí.

Recordemos siempre que, la mente con la que habitualmente operamos a diario, y la que podríamos identificar más fácilmente, es la más burda, –aunque no por ello inútil­­– esa que saca conclusiones, que analiza, y la que tiende a identificarse o más bien, a identificarte con los pensamientos, casi de manera autónoma. Esta es la que, en la mayoría de las ocasiones, te va a distraer más el establecimiento de la atención, sobre todo en esos primero 10 o 15 minutos de la meditación.

Esto, puede resultar muy incómodo, sobre todo en aquellos momentos de tu vida en los que te sientas más agitado, o en aquellos en los que tengas más problemas, porque ella va a tender a tomar el control de la situación, y el «mando del barco».

Por tanto, si estás en un momento plácido de tu vida, o si tu vida en ese momento, simplemente transcurre con tranquilidad, posiblemente la meditación sea una prolongación de ese estado y realmente la afluencia de pensamientos intrusos no sea demasiado dispersante y por tanto, puedas adentrarte en el silencio con más facilidad, lo cual ciertamente es muy placentero.

Debes entender que uno de los efectos que vas a percibir durante esos primeros minutos de meditación, es una corriente casi incesante de pensamientos e imágenes, en muchos casos acompañadas de sensaciones y, en definitiva, de historias con las que te vas a identificar con gran seguridad, pues así opera nuestra mente analítica de manera natural y autónoma.

En el caso de que esas historias que pueden aparecer sean desagradables, te crearán cierta ansiedad, y el observar esa ansiedad, ahí sentado, en primera fila, créeme, no suele ser muy agradable, suele crear un bucle de pensamientos, del cual, se tiene la sensación de que no vamos a salir.

La buena noticia es que existen antídotos, y aquí vamos a ver algunos:

  1. Entiende la afluencia de pensamientos: Es la manera natural de actuar de nuestra mente, y será así hasta que muramos, lo interesante es poder entender que no son más que eventos mentales, nada más.
  1. Dale el tiempo que necesita: Debes entender que tu mente, la más burda, va a necesitar al menos 10 o 15 minutos de «insistencia» en la focalización de tu atención –en las fosas nasales, en este tipo de meditación–, para que se vaya calmando, y aunque, los pensamientos, no desaparecerán en muchos casos, éstos si perderán fuerza, es como si perdieran poder sobre ti. Recuerda, tu meta no es dejar la mente en blanco, es solo bajar el «peso», y la fuerza de influencia sobre ti, de esos pensamientos. Estados de no pensamiento podrán aparecer, y disfrutarás de ellos, pero eso realmente no debe ser tu objetivo, ni mucho menos tu prioridad.
  1. Este momento es para ti: Lo que estás haciendo es un descanso de la mente, por tanto, dale «vacaciones» a esa mente dialéctica durante esos minutos, «despídela», no entres en sus reclamaciones, que no te «sabotee» durante ese tiempo. Este momento es para ti, se podría asimilar a lo que solemos hacer cuando estamos de vacaciones y aparecen en la mente repentinamente esos problemas del trabajo o de la pareja, o de la familia, y nos decimos, “no, ahora no es el momento, cuando vuelva me ocuparé“ pues igual, no les prestes atención, no los alimentes, déjalos ir, desaparecerán solos, te lo aseguro, es más fácil de lo que uno se piensa, no los agarres, suéltalos.
  1. No te identifiques: Es importante no identificarse con lo que ocurra en tu mente, es decir tu no eres eso que está ocurriendo, tu eres el que observa eso que está «pasando», y de esta manera, como la misma palabra “pasando” indica, los pensamientos entran, permanecen un poco y «pasan», es como si estuvieras sentado mirando un riachuelo en el que pasan flotando muchas ramitas, simplemente las observas pasar flotando, unas más grandes, otras de un color, otras de otro, pero no te quedas mirando a ninguna en particular, solo observas como entran por tu campo visual, y desaparecen. Con los pensamientos debes hacer lo mismo. Obviamente, sobre todo al principio te «irás con muchas ramitas», pero darte cuenta de ello y volver a dejarlas pasar, eso es precisamente un éxito y no un fracaso. Ahí estás entrenando tu mente burda a desarrollar esa habilidad, por tanto, cuando te ocurra esto, date cuenta, y rectifica, eso también es meditar.
  1. No te desesperes: Si tu meditación ha sido, bajo tu punto de vista, un «desastre», estás equivocado, aunque te hayas levantado aparentemente igual de agitado o disperso que como te sentaste, seguramente tus constantes vitales estén mucho más equilibradas que antes, tu agitación y frecuencia mental y cardíaca, hayan disminuido, así como tu presión arterial y sobre todo, habrás entrenado a la mente a mirar hacia adentro, estarás desarrollando la capacidad introspectiva o meta cognitiva de la mente, concretamente el lóbulo frontal izquierdo de cerebro, lo cual, ya es un éxito.

Así que recuerda uno no se sienta a pelearse con la mente, se sienta a descansarla, por tanto, disfruta de ese descaso y dale «vacaciones» durante esos minutos, que son exclusivamente para ti. Esto necesita tiempo y perseverancia, y un día te darás cuenta de que ya no es tan complicado sentarse con eso que llamamos «problemas».

Continuará,

Sergio Naranjo

Centro Integral de Formación de Yoga

Oyoga Sevilla

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